• Conformada por ciudadanos chilenos, chinos -usuarios de Zona Franca- y de otras nacionalidades, blanquearon más de US$ 200 millones.
• Partes de los fondos provenían de estafas conocidas como “matanza de cerdos”, que afectaron a más de 400 ciudadanos adultos mayores extranjeros, principalmente estadounidenses.
Tras recibir una denuncia internacional a través de la Oficina Federal de Investigaciones (FBI) en mayo del año pasado, el Sistema de Análisis Criminal y Focos Investigativos (SACFI) de la Tarapacá, junto con la Brigada Antinarcóticos y contra el Crimen Organizado (Brianco) de la Policía de Investigaciones, inició una investigación que permitió identificar y desbaratar una organización criminal que utilizó el sistema financiero chileno, específicamente la ciudad de Iquique y su zona franca, para mover y ocultar los dineros provenientes de estafas transnacionales ejecutadas mediante plataformas fraudulentas de inversión en línea y de otros negocios ilícitos, por montos que superarían los 180 millones de dólares.
En un amplio operativo realizado esta mañana, que fue encabezado por el Fiscal Nacional Ángel Valencia, el Director General de la Policía de Investigaciones, Eduardo Cerna, y la Fiscal Regional Trinidad Steinert; más de 500 detectives de distintas unidades del país allanaron 73 domicilios en Iquique, Santiago y Alto Hospicio, logrando detener a 44 personas.
“Esta investigación surge como consecuencia de una actividad de cooperación internacional entre el FBI y la Policía de Investigaciones que le transmiten la información a la Fiscalía. Los hechos se refieren principalmente a un conjunto de ciudadanos norteamericanos, aunque también hay de otros países, quienes fueron víctimas de fraudes cometidos vía informática. Se les engañó para hacerles creer que estaban efectuando inversiones en plataformas falsas, y para el efecto de transferir y lavar ese dinero, se ocupó una red de empresas chilenas -algunas genuinas y otras de fachada- y el sistema financiero chileno, especialmente valiéndose de la estructura y de las ventajas de la Zona Franca de Iquique”, explicó el Fiscal Nacional.
La Fiscal Regional Trinidad Steinert detalló que esta es una investigación que lleva varios meses que ha contado con el apoyo de las unidades de Crimen Organizado y de Investigación Financiera Patrimonial de la Fiscalía Nacional, “por lo que podemos entender que el día de hoy la investigación se encuentra fortalecida en cuanto a establecer que efectivamente aquí ha habido una defraudación de ciudadanos extranjeros, que creían estar invirtiendo en distintas plataformas, pero en verdad esos dineros eran traspasados de una empresa otra en Chile. La defraudación de estas víctimas extranjeras suma más de 200 millones de dólares, una de las estafas más grande conocida a nivel nacional”.
La organización era liderada por ciudadanos chinos -usuarios de la Zona Franca de Iquique- y chilenos, quienes planificaban el blanqueo de los dineros a través de la creación de numerosas empresas de diferentes categorías que les permitían canalizar los capitales de origen ilícito e incorporarlos al sistema económico legal. La investigación determinó que más de un tercio de los dineros blanqueados -US$67 millones- provinieron de estafas conocidas como “matanza de cerdos” que afectaron a cerca de 300 ciudadanos extranjeros, la mayoría de ellos personas adultas mayores estadounidenses.
Esta estructura en Chile contaba con asesores contables y profesionales del ámbito bancario y financiero que intervenían en la creación masiva de sociedades de papel y en la gestión de cuentas chilenas o extranjeras; y también comerciantes informales, trabajadores de bajos ingresos o jóvenes sin trayectoria empresarial que figuraban como socios o representantes legales de las sociedades, quienes eran utilizados para la apertura de cuentas y cobro de cheques.
Los imputados será formalizados por los delitos de lavado de activos y por pertenecer a una asociación criminal.
Cómo operaban
Básicamente, la organización creaba empresas de papel -denominadas empresa “Kamikaze o Categoría A”-, con domicilios inexistentes y sin actividad comercial, con el único fin de recibir los fondos provenientes de las estafas o actividades ilícitas del extranjero. Una vez que los fondos ingresaban a las cuentas dólar bajo la apariencia de operaciones de comercio internacional, eran transferidos inmediatamente a las empresas de “Categoría B o Intermediarias”, en las cuales los fondos eran fragmentados y triangulados a fin de ocultar su origen. Estas sociedades tampoco tenían domicilios reales ni actividades comerciales, y a través de sus cuentas la organización retiraba dólares en efectivo, mediante el cobro de cheques y giros presenciales en sucursales bancarias del centro de Iquique y de Zofri.
Y por último estaban las empresas de “Categoría C o Consolidadoras”, las que en su mayoría correspondían a sociedades con actividad real y operaciones formalmente lícitas, mayoritariamente usuarias del sistema franco de ZOFRI Iquique y controladas por ciudadanos de la comunidad china. La organización ingresaba a estas empresas las ganancias ilícitas, materializando la integración de los fondos al sistema económico formal, ya que, al ser empresas con actividad comercial efectiva, podían absorber y justificar contablemente las ganancias ilícitas, para que el dinero saliera al extranjero.
La investigación determinó que la organización constituyó aproximadamente 119 sociedades comerciales que le permitieron implementar el modelo asiático de defraudaciones transnacionales.
“Matanza de cerdos o Pig Butchering”
Se trata de un método de estafa concebido como un proceso prolongado de manipulación, orientado a la construcción de vínculos de confianza con las víctimas, principalmente adultos mayores con capacidad económica relevante y ahorros acumulados, a través de entornos digitales.
Su origen se remonta a organizaciones criminales de origen asiático, particularmente en China que luego desplazaron sus centros operativos hacia países del sudeste asiático y expandieron progresivamente sus actividades a otras regiones del mundo.
La actividad criminal se inicia con un proceso de selección de potenciales víctimas a través de plataformas digitales, seguido de la construcción progresiva de un vínculo de confianza. Una vez que se establece una relación cercana y creíble, se induce a la víctima a efectuar pequeños aportes en supuestas inversiones, y se les permite retirar aparentes ganancias, reforzando artificialmente la confianza en la plataforma y en el negocio ofrecido. Luego las víctimas aumentan los montos llegando a sumas significativas, incluso proveniente de ahorros previsionales, y cuando intentan retirar los fondos, la plataforma es bloqueada y la aplicación es auto-desintalada.
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