Lo ocurrido hoy no es un hecho aislado. Hemos visto al crimen organizado intentar infiltrarse en nuestras fronteras, en las cárceles, en instituciones armadas y ahora en el sistema financiero.
Por eso, Chile debe dar un salto en inteligencia económica, persecución patrimonial y detección temprana de redes criminales. Que el crimen organizado logre infiltrarse en nuestras instituciones, amenaza no solo a las víctimas de sus delitos, sino que empieza a amenazar la capacidad misma del Estado para proteger a sus ciudadanos.
Por eso, abrir el secreto bancario no debería asustar a ningún colega. Quien nada hace, nada teme.
