“𝙀𝙡 𝘼́𝙧𝙗𝙤𝙡 𝙙𝙚 𝙆𝙊” 𝙚𝙢𝙤𝙘𝙞𝙤𝙣𝙤́ 𝙖 𝙡𝙖𝙨 𝙛𝙖𝙢𝙞𝙡𝙞𝙖𝙨 𝙙𝙚 𝙋𝙞𝙘𝙖 𝙘𝙤𝙣 𝙪𝙣𝙖 𝙝𝙞𝙨𝙩𝙤𝙧𝙞𝙖 𝙙𝙚 𝙖𝙢𝙤𝙧 𝙮 𝙧𝙖𝙞́𝙘𝙚𝙨
Hay abrazos que nunca se olvidan, despedidas que dejan huellas profundas y amores que, incluso cuando ya no podemos verlos, encuentran la manera de seguir acompañándonos. Esa es parte de la magia de “El Árbol de KO”, la obra de la compañía Avuelopájaro que llegó la tarde de ayer hasta el Salón O’Higgins, gracias a Fintdaz y con el apoyo de la Oficina de Cultura de la Municipalidad de Pica, regalando a las familias de nuestro oasis una experiencia que fue mucho más allá del teatro.
Niños y adultos compartieron una tarde donde las risas, las canciones y la interacción con los personajes dieron paso a una historia capaz de tocar fibras profundas, recordándonos que, a veces, las cosas más sencillas son las que guardan los sentimientos más grandes.
En el centro de este relato está KO, un niño libre, unido a la naturaleza, a los animales y a la belleza de las cosas simples, que encuentra en su abuela de raíces mapuches uno de sus refugios más preciados. Entre ambos existe ese amor que no necesita grandes palabras para expresarse, porque vive en la compañía, en los pequeños gestos y en la seguridad de saber que siempre hay alguien a quien volver.
Pero llega el momento de la despedida. La abuela le anuncia a KO que el señor del viento la está llamando y que ha llegado el tiempo de partir. Antes de hacerlo, deja una semilla que, con el tiempo, se transforma en un gran árbol. Y es allí, bajo sus ramas, donde el niño vuelve a encontrar consuelo, porque ese árbol no es solamente un árbol: es la memoria de su abuela, es su historia, es el lugar donde el amor sigue vivo y donde KO puede volver a sentirse protegido, como cuando descansaba entre sus brazos.
La historia también nos enfrenta a los temores, a los prejuicios y a las consecuencias de actuar sin comprender. La pérdida de una gallina despierta sospechas y desencadena una búsqueda que amenaza con destruir el árbol de KO. Lo que comienza como un conflicto se convierte, entonces, en una invitación a mirar al otro con humanidad, a reconocer los propios errores y a descubrir que siempre es posible elegir el entendimiento por sobre el enfrentamiento, la empatía por sobre el juicio y la amistad por sobre las diferencias.
Con una puesta en escena que demuestra que no se necesitan grandes escenarios para crear mundos extraordinarios, un actor, una mesa, diversos títeres, la iluminación y la fuerza de la interpretación fueron suficientes para dar vida a personajes y emociones que cautivaron al público.
Una historia que llegó a Pica a través del teatro, pero que dejó una invitación mucho más profunda: cuidar aquello que amamos, respetar nuestras raíces y comprender que, aunque algunas personas deban partir, el amor que sembraron en nosotros puede seguir creciendo para siempre.
Con emoción piqueños disfrtutaron de la función “El Arbol de Ko”
