𝙁𝙄𝙉𝙏𝘿𝘼𝙕 𝙮 𝙈𝙪𝙣𝙞𝙘𝙞𝙥𝙖𝙡𝙞𝙙𝙖𝙙 𝙙𝙚 𝙋𝙞𝙘𝙖 𝙖𝙘𝙚𝙧𝙘𝙖𝙧𝙤𝙣 𝙖 𝙡𝙖 𝙘𝙤𝙢𝙪𝙣𝙞𝙙𝙖𝙙 𝙡𝙖 𝙤𝙗𝙧𝙖 “𝙔𝙤 𝙎𝙤𝙮 𝙪𝙣 𝙊𝙨𝙤”
Mientras el frío se hacía sentir en las calles, el Salón O’Higgins se llenó de sonrisas, asombro y aplausos gracias a la presentación de la obra «Yo Soy un Oso», una reconocida producción internacional que llegó a la comuna gracias a las gestiones de FINTDAZ y al apoyo de la Municipalidad de Pica.
Desde el ingreso, la experiencia comenzó a cobrar vida. Niños, jóvenes y adultos recibieron antifaces de oso, convirtiéndose en parte de una propuesta que invitó a mirar el mundo con los ojos de la imaginación.
Sobre el escenario no había grandes escenografías ni complejos montajes. Bastó una mesa para que surgiera un universo lleno de creatividad y emociones.
Con admirable talento, un único actor fue capaz de transformar aquel pequeño espacio en bosques, fábricas, caminos y sueños. Sus manos dieron movimiento al oso y a cada uno de los elementos que aparecían y desaparecían frente a los ojos del público. Sus gestos, expresiones y silencios transmitieron emociones tan reales que no hicieron falta muchas palabras para comprender la alegría, la tristeza, la confusión o la esperanza que acompañaban al protagonista. La mesa se armaba y desarmaba constantemente, mientras los efectos sonoros y la delicada manipulación de objetos daban vida a un mundo tan simple como fascinante.
La historia relata el viaje de un oso que despierta de su hibernación y descubre que el bosque donde vivía ha sido reemplazado por una enorme fábrica. Allí, quienes lo rodean lo convencen de que no es un oso, sino un trabajador más. Con el paso del tiempo olvida quién es, dejando atrás su naturaleza y convirtiéndose en una pieza más de la rutina. Pero cuando la fábrica cierra y el ruido de las máquinas desaparece, queda solo, confundido y sin rumbo. El frío vuelve a sentirse y algo dentro de él le dice que es tiempo de hibernar, aunque ya no recuerda por qué. Es entonces cuando un pequeño pájaro le ayuda a descubrir una verdad que nunca debió olvidar: sigue siendo un oso. Y al reconocer nuevamente su identidad, logra volver a su esencia y al lugar al que siempre perteneció.
Más allá de la ternura y el humor de la puesta en escena, la obra dejó una reflexión que resonó tanto en niños como en adultos. En tiempos donde las obligaciones, el trabajo y las exigencias cotidianas parecen ocuparlo todo, «Yo Soy un Oso» invita a detenerse y recordar aquello que verdaderamente importa: la familia, los afectos, la naturaleza, los momentos compartidos y la identidad que hace única a cada persona. Una invitación a no perderse entre las expectativas de los demás y a valorar aquello que nos conecta con nuestra verdadera esencia
